Días epagómenos – 24 de diciembre
Cuando
Ra, dios solar, se enteró de la infidelidad de su esposa embarazada,
Nut, la maldijo, de modo que no pudiera parir en ningún mes del año.
Pero Nut tenía otro amante poderoso, el dios Thot, que jugando una
partida de damas con la Luna consiguió de ésta una 72ª parte de
cada día del año, con las que compuso cinco días completos que
agregó al año egipcio de 360 días. En estas últimas jornadas la
maldición de Ra quedaría sin efecto. Así pues, Osiris nació el
primero de estos días y en los días siguientes nacieron sus otros
cuatro hermanos: Horus, Set, Isis y Neftys.
En su origen, el año egipcio contaba tan solo con 360
días. Según la leyenda, Geb (la Tierra) y Nut (el cielo) estaban
tan unidos amándose que no quedaba espacio entre ellos. Esta
situación enfureció a Atum (el primer dios que cobró forma,
"aquel que vino a la vida por sí mismo", señor de
Heliópolis, abuelo de Nut y Geb). Así que ordenó a su hijo Shu,
dios del aire y padre de ambos nietos, que los separase.
Para ello, Shu se colocó sobre Geb sosteniendo la cabeza de Nut, de
forma que no pudieran tocarse el uno al otro. Sin embargo, Nut había
quedado ya embarazada.
Atum, enfadado, le prohibió dar a luz en cualquiera de los 360 días
que componían el año. Thot, dios de la sabiduría, nacido de Atum,
decidió ayudar a Nut y para ello desafió a Khonsu, dios lunar que
se encargaba de medir el tiempo, a una
partida de senet (juego parecido al backgammon, muy popular en
Egipto), pidiendo tiempo a cambio cada vez que venciese. Este dió
tiempo y luz de luna por cada partida perdida, y ese es el origen de
las fases lunares.
Así Thot ganó a Khonsu los cinco días epagómenos y el año tuvo
desde entonces 365 días, de modo que Nut pudo dar a luz a sus cinco
hijos: Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis.
Es un momento mágico: las madres han renovado su compromiso con la
vida. La juventud se deja embriagar por la emoción porque, después
de la noche de las madres, les llega su turno. Al día siguiente, las
madres expresarán todo su amor por sus hijos en forma de regalos con
significado mágico. Los antiguos anglosajones solían organizar una
gran cena a la que asistían las mujeres de la familia y llevaban
regalos para los niños. Todos los símbolos populares de este día
provienen de tradiciones paganas. El Árbol de la Vida, nuestro árbol
de Navidad que hoy decoramos con bolas y luces, los regalos que
colocamos a sus pies y todos los símbolos navideños forman parte de
nuestra herencia. El leño de Navidad tiene orígenes alemanes /
escandinavos. Ops sigue ofreciendo regalos a medida que prosigue su
fiesta. La Diosa de las Estrellas, la Diosa de la Naturaleza,
gobierna en todo el mundo. Su símbolo de la estrella polar, que luce
en lo alto de todos los árboles de Navidad, nos recuerda de dónde
vienen nuestras tradiciones.
Fiesta de Nacimiento
del Sol Invicto.
Nacimiento
de los dioses solares. – 25 de Diciembre
También se celebra el nacimiento de Mitra, dios iranio del cielo y
de la luz y, más tarde, tutelar de las legiones romanas. Nació
milagrosamente del seno de una roca y los pastores fueron los
primeros en dirigir sus plegarias al niño desnudo, cubierto tan sólo
por un gorro frigio. El culto al Sol, de escasa importancia entre los
antiguos romanos, cobró auge a partir del emperador Aureliano,
quien, en el 274, lo asimiló al "Sol Invictus" de la
religión siria e instauró un nuevo culto. Con el tiempo, este dios
acabó imponiéndose a las demás divinidades, hasta desembocar, por
sincretismo, en una religión monoteísta.
Juvenalia:
En este día se organizaban muchos actos para los niños: teatro,
relatos de cuentos, máscaras, personajes mágicos (arlequines,
bufones). Todo el mundo se vestía con sus mejores trajes y comía
los mejores alimentos. Los primeros regalos solían ser talismanes
que daban buena suerte: un cascabel, un sombrero de la suerte, un par
de calcetines para llevar en tu camino afortunado, juguetes, prendas
de ropa cálidas para utilizar durante el invierno. Se organizaban
bailes donde los jóvenes se conocían, se cortejaban y se enamoraban
bajo el muérdago. Mucho antes de que los habitantes de Europa
tuvieran contacto con el cristianismo (importado de oriente) ya
cele-braban la Navidad, que durante siglos los anglosajones
conocieron con el nombre de Modraniht, y era similar a cómo la
celebramos hoy en día.
Fiesta de Astarté:
Relacionada con Ishtar de Babilonia, la estrellada Astarté, la Gran
Diosa de Oriente Medio, se remonta en sus orígenes al neolítico.
Era el poder creador, conservador y destructor que asocia-mos con
todas las diosas vírgenes. Salomón la adoraba en la Biblia, tal vez
por este motivo los cristianos la convirtieron en el demonio Astoret
y, para empeorar las cosas, además la masculi-nizaron. Los árabes
llamaban Athtar a Astarté. En arameo era Attar-Samayin, el lucero de
la mañana en el cielo. Para los habitantes de Canaán, era Astoret,
la regente celestial, madre de Baahm, madre
de
todos los dioses.
Navidad:
La figura de Papá Noel ha pasado por muchas encarnaciones, desde
antiguo dios, pasando por santo cristiano, hasta un importante
componente del folklore americano y europeo. Sus renos son un claro
testimonio de sus orígenes chamánicos y sus duendes proceden de las
leyendas de la Antigua Religión. La Rama del Beso es el muérdago,
un hechizo mágico para los enamorados. En ocasiones una chica se
sentaba en el leño de Navidad mientras lo arrastraban; después todo
el mundo bebía a la salud de la chica, que simbolizaba a la diosa
del sol. Los Saturnales seguían cele-brándose.
Tony
Calix .·.











