INTROITO
Todos
hemos oído decir vagamente que el hombre posee un algo inmortal
llamado alma que se supone que sobrevive a la muerte del cuerpo.
"Confío
en que tengo alma"
Digamos: "Sé que soy
un alma"
El
hombre es un alma
que tiene cuerpo.
“El
cuerpo no es el hombre, sino tan sólo su vestidura".
"Lo
que llamamos muerte es la dejación de un vestido usado, y no el
fenecimiento del hombre, como tampoco fenecemos cuando mudamos de
gabán. Por lo tanto, no
perdemos a nuestros queridos parientes y amigos, sino que
tan sólo perdemos de vista el traje en que acostumbrábamos verlos.
Ha desaparecido el traje, pero no el
hombre que lo llevaba. Seguramente amamos al ser
humano y no el traje.
Antes
de que podamos comprender la condición de los difuntos es necesario
comprender la nuestra. Hemos de con-vencernos de que somos inmortales
porque somos de esencia divina, chispas del mismo Fuego de Dios; que
hemos vivido siglos antes de ponernos estas vestiduras a que llamamos
cuerpos y viviremos siglos después de que se hayan convertido en
polvo".
Al
dormir nos colocamos en la misma condición a que han pasado los
difuntos. Y mientras vivamos estarán en nuestro corazón y en lo
hermoso de nuestros sueños”.

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