CAPÍTULO 42: De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas.
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| 1893 - Paris - Charavay |
–Después que bajé del cielo, y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande de ser gobernador; porque, ¿qué grandeza es mandar en un grano de mostaza, o qué dignidad o imperio el gobernar a media docena de hombres.
En esto llegó don Quijote, y, sabiendo lo que pasaba y la celeridad con que Sancho se había de partir a su gobierno, con licencia del duque le tomó por la mano y se fue con él a su estancia, con intención de aconsejarle cómo se había de haber en su oficio. Entrados, pues, en su aposento, cerró tras sí la puerta, y hizo casi por fuerza que Sancho se sentase junto a él, y con reposada voz le dijo:
Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.
Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte
saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.
Los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa.
Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.
Si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes; antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo.
Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo
estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.
Si acaso enviudares, cosa que pu[e]de suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la
tomes tal, que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla, porque en verdad
te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal.
Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.
Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las
informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.
Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena.
Si alguna mujer hermosa veniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.
Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras.
Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus
premios colmados, tu felicidad indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus
nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de
la muerte, en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos
de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu
alma; escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo.
Extracto
El Ingenios Hidalgo Don QVIXOTE DE LA MANCHA.
Biblioteca IV Centenario
Capitulo 42, paginas de la 562 a la565
Tony Calix.·.

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