jueves, 20 de octubre de 2016

Mito Tántrico


La tierra no es el mundo, el hombre construyó el mundo:


El comienzo del tiempo y del mundo es reciente, cuando el hombre identificó por primera vez tiempo con muerte física hace unos doce mil años . 

Antes de este tiempo solo existía el pasado que se extendía hacia atrás, hasta la primera forma de vida sobre la Tierra. El tiempo no es pasado; el tiempo proporciona el sentido de mañana o de continuidad sobre la que se construye el mundo.

Antes de la vida sobre la tierra no solo no había
tiempo, sino tampoco pasado - solo el presente, la presencia, o el notiempo.

Las cosas han ido mucho peor para el hombre y la mujer desde que comenzaron a deslizarse imperceptiblemente en el tiempo o en el autoolvido alrededor de 10.000 A.C.

Originalmente, hace alrededor de doce mil años, los cuerpos individuales de los hombres y las mujeres estaban permanentemente rodeados por un magnífico orbe o aureola dorada que, irradiando del plexo solar, se extendía visiblemente muy por encima de la cabeza adentro de la tierra y hacia afuera más allá del alcance de los miembros extendidos.

El orbe de la mujer era de un dorado ligeramente más profundo que el del hombre, pero ambos tenían la misma hermosa, sublime y deslumbrante cualidad.

La mujer era puro amor, el polo pasivo sereno del amor espiritual humano sobre la tierra. El hombre, el polo positivo activo, también era amor, el amor de la autoridad pura, el principio masculino, que era el guardián del amor o de la mujer o de la tierra.

El amor de él o de ella era responsable de mantener la cualidad divina, dorada del amor entre ellos.

El brillo de sus aureolas reflejaba en todo momento la intensidad y la pureza de ese amor. Su acto de amor físico era extático. La energía divina generada era tan poderosa que después de hacer el amor sus cuerpos o halos se encendían con un esplendor increíble. Esta irradiación autoluminosa del espíritu o amor creado en cada uno por la unión física era la manifestación de su divinidad sobre la tierra.

El hombre y la mujer al principio del tiempo eran dioses, y ellos sostenían la consciencia y la presencia de su divinidad, su no-temporalidad, haciendo el amor físico divino.

El halo o energía dorada era su medio de comunicación, juntos o separados. Su alcance iba más allá de su contorno visible, y a través de ella cada uno estaba en un continuo contacto imperturbado con el otro, en silencio y quietud - esto es en la consciencia mutua del amor puro -.

Con el tiempo, cuando uno de los dos halos necesitaban regenerarse, el hombre y la mujer se atraían juntos, hacían el amor como los únicos polos físicos de consciencia sobre la tierra y se iluminaban y regeneraban de nuevo.


La comunicación entre ellos era tan completa que no había
necesidad de hablar. El hablar se desarrolló con el tiempo; en los hombres y las mujeres, que al perderse ellos mismos en el tiempo dado a otras cosas, a construir el mundo, comenzaron a olvidar amar - esto es, olvidaron como ser ellos mismos todo el tiempo. El resultado fue que fallaron en hacer el amor físico,divino.

Sus halos o conciencia perdieron la conexión dorada y 
tuvieron que empezar a hablar a través de la brecha desarrollada entre ellos. Entonces, a través del habla, aparecieron los malos entendidos y la emoción. Mientras el tiempo o la falta de amor invadían más el cuerpo del hombre y de la mujer, el habla reemplazó la inmediatez y la plenitud del amor y el vocabulario creció y creció. En vez de 'estar' en el amor, ellos decían, “te amo” y otros muchos sustitutos verbales para el amor.

Algunos individuos retenían la intensidad del halo más tiempo que otros, pero con el tiempo o el pasado aumentando en cada uno, las cosas fuero inexorablemente peor.


Miles de años después, la mayoría de los hombres y mujeres habían olvidado cómo ser amor y cómo hacer el amor. No obstante realizaban aparentemente el mismo acto físico, no podían liberar o generar la energía divina y personificar en ellos mismos el espíritu viviente o la presencia de amor, el no-tiempo.

Los cuerpos del hombre y de la mujer no estuvieron ya alineados en el amor sino en el tiempo y la emoción. En vez de hacer el amor puro hacían amor demandante, emocional. Y en vez de producir niños iluminados espiritualmente, los producían emocionalmente dependientes.

La mujer, que una vez fue amor puro, ahora estaba confundida y descontenta perennemente. El hombre, habiéndose perdido, ahora era impaciente con ella y, tratando de encontrar un sustituto en la autoridad, se volvió ocupado e inquieto perennemente. Más aún, careciendo de la autoridad para controlarla, utilizó su fuerza física y económica superior para forzarla a una posición social inferior, particularmente explotando el amor de su juventud.

Esto la enrabió tanto que engendró el demonio, quien mientras el tiempo continuaba, nunca olvidaría o perdonaría la injusticia de él y la corrupción del amor. La carrera humana, la carrera en el tiempo, había comenzado.




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