"Inútilmente habrá
nacido Cristo en Belén si no nace en nuestro corazón.”
El sol se mueve de sur a
norte y de norte a sur. Cuando el sol avanza hacia el norte desde el
24 de diciembre para animar, dar calor y vida a todas las criaturas.
El Niño Sol nace el 24 ya para amanecer del 25 de diciembre y se
crucifica en el equinoccio de primavera para dar vida a todo lo que
existe. Débil y desvalido nace el
Niño del Sol en este humilde pesebre del mundo y en una de esas
noches muy largas del Invierno, cuando los días son muy cortos y las
noches largas en las regiones del norte.
El Establo o Pesebre donde
el Niño Nace es la morada Divina del alma, el templo eterno invadido
ahora por los animales del deseo. Dentro del Reino del alma existen
los Elementarios animales del deseo. Estos se nutren con las
substancias inferiores de los bajos fondos animales del hombre. Allí
viven y se multiplican. Estos Animales constituyen eso que se llama
EGO; el YO existe pluralizado. El YO se halla constituido por
Elementarios animales; Los animales del establo donde el Niño nace
para salvar al hombre. Cada Elementario animal representa un
determinado defecto; cuando aniquilamos un defecto, muere su
Elementario correspondiente. Nosotros necesitamos morir de instante
en instante, disolver el YO Psicológico que se reencarna siempre
para satisfacer deseos.
El signo de la Virgen
Celestial, se eleva en el horizonte por la época de Navidad y así
nace el Niño para salvar al mundo. El Cristo Sol se crucifica en
nuestro planeta tierra para dar vida a todo lo que existe, después
de su muerte resucita en toda la creación y madura entonces la uva y
el grano. Este es el drama cósmico que se repite de momento en
momento en todos los mundos, en todos los soles. La Ley del Logos es
el sacrificio.

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