lunes, 19 de diciembre de 2016

Simbolismo de la Navidad

"Inútilmente habrá nacido Cristo en Belén si no nace en nuestro corazón.”


El sol se mueve de sur a norte y de norte a sur. Cuando el sol avanza hacia el norte desde el 24 de diciembre para animar, dar calor y vida a todas las criaturas. El Niño Sol nace el 24 ya para amanecer del 25 de diciembre y se crucifica en el equinoccio de primavera para dar vida a todo lo que existe. Débil y desvalido nace el Niño del Sol en este humilde pesebre del mundo y en una de esas noches muy largas del Invierno, cuando los días son muy cortos y las noches largas en las regiones del norte.

El Establo o Pesebre donde el Niño Nace es la morada Divina del alma, el templo eterno invadido ahora por los animales del deseo. Dentro del Reino del alma existen los Elementarios animales del deseo. Estos se nutren con las substancias inferiores de los bajos fondos animales del hombre. Allí viven y se multiplican. Estos Animales constituyen eso que se llama EGO; el YO existe pluralizado. El YO se halla constituido por Elementarios animales; Los animales del establo donde el Niño nace para salvar al hombre. Cada Elementario animal representa un determinado defecto; cuando aniquilamos un defecto, muere su Elementario correspondiente. Nosotros necesitamos morir de instante en instante, disolver el YO Psicológico que se reencarna siempre para satisfacer deseos.


El signo de la Virgen Celestial, se eleva en el horizonte por la época de Navidad y así nace el Niño para salvar al mundo. El Cristo Sol se crucifica en nuestro planeta tierra para dar vida a todo lo que existe, después de su muerte resucita en toda la creación y madura entonces la uva y el grano. Este es el drama cósmico que se repite de momento en momento en todos los mundos, en todos los soles. La Ley del Logos es el sacrificio.

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