martes, 4 de marzo de 2014

LA PRINCESA MUERTA Y LOS SIETE COLOSOS




LA PRINCESA MUERTA Y LOS SIETE COLOSOS

El zar de viaje partió,
A su esposa la besó,
Y quedó ella angustiada.
Lo esperaba noche y día,
Pero el zar no aparecía,
Miraba por la ventana
Desde la aurora temprana.
Sus ojitos se cansaron
De tanto mirar en vano.
Sólo veía el blanco manto,
Cubierto de nieve el campo.
Nueve meses han pasado
Sin retornar su adorado,
Y al caer la nochebuena,
Dios le regaló una nena.
A la mañana siguiente
Apareció de repente,
Volvió del viaje alargado
El padre zar anhelado
Cuando ella ve al esposo,
Plena de emoción y gozo,
Profundamente suspira,
Y al llegar la misa expira.

El zar sufre con dolor,
Pero siendo pecador,
Sólo un año había pasado
Y ya vuelve a estar casado.
Verdad es que la zarina
Era una joven divina,
Alta, esbelta, reluciente,
Además inteligente.
Pero también orgullosa,
Empedernida, celosa.
Ella obtuvo como dote
Un espejo no grandote,
Con un poder singular:
El arte de conversar.
Estando a solas con él
Era bondadosa y fiel,
Dichosa y juguetona
Inquiría coquetona:
“Dime espejito querido,
Sólo la verdad te pido:
“¿Puede que haya más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.

El espejo rutilante
Le contestaba al instante:
“Eres tú la más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.
La zarina se reía
Y sus hombros encogía,
Con los dedos castañeaba,
Al espejo le guiñaba,
Las manos en las caderas,
Remirándose altanera.

Mientras tanto, la princesa
Iba ganado belleza,
Crecía y así creció
Que bien pronto floreció.
Cejas negras, blanca tez,
Sugestiva dulcidez.
La vio el príncipe Eliseo,
Casarse fue su deseo.
Entonces pidió su mano,
Que confirió el soberano.
De dote siete ciudades,
Ciento cuarenta heredades.

A celebrar el evento,
La zarina en un momento
Orgullosa se ataviaba,
Y al espejo preguntaba:
“¿Puede que haya más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa?”
El espejo respondió:
“Eres bella, ¿quién dudó?,
La princesa es más hermosa,
Blanca tex, mejillas rosa”.
La reina saltó indignada,
Con su mano recia alzada,
Al espejo ella arrojó
Y después lo pisoteó
“Trozo de vidrio podrido,
Para irritarme has mentido.
¿Compararse ella quería?
¡Le quitaré tal manía!
¡Miren a esa preciosura!

No es de extrañar su blancura.
La madre estando preñada
Siempre la nieve miraba.
¿Pero cómo puede ella
Considerarse más bella?
No hay en el reino mujer
Que me pueda preceder.
Eso reconocerás,
Que otra igual no encontrarás
Tampoco en el mundo entero”.
Dijo el espejo certero:
“La princesa es más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.
Completamente abatida,
De celos enceguecida,
Al espejo lo tiró
Y a su sirvienta llamó,
Ordenándole obsesa
Que llevara a la princesa
Hasta la fronda tupida,
Aun pino la atara viva,
Para que luego vinieran
Los lobos y la engulleran.
Ante una mujer furiosa
Hasta el diablo es cualquier cosa.
Morena le obedeció.
Al bosque se la llevó.
Comprendiendo la princesa,
De miedo se quedó tiesa.
Y le imploró: “¡Mi  adorada!
¡De malo yo no he hecho nada!
¿Por qué me matas, mujer?,
Cuando reina llegue a ser,
Tendrás todo lo que quieras”.
Pues la quería de veras,
No la mato la criada,
Dejándola desatada.
“¡Vaya con Dios!”, le deseó,
Pronto al hogar regresó.
“¿Qué? ”, preguntó la zarina,
“¿Dónde se halla esa divina?”
“En el bosque, bien atada
-Le respondió la criada-,
Amarrada por los codos.
En las fauces de los lobos
Muchos menos sufrirá
Porque en breve morirá”.

Por doquier se murmuraba
Que la princesa faltaba.
Desconsolado está el zar.
Eliseo, tras rezar,
Pidiéndole a Dios favor,
Parte en busca de su amor,
De la princesa querida,
Bellísima prometida.

La princesa, extraviada,
Día y noche caminaba.
Cuando empezaba a clarear,
Por fin descubrió un hogar.
Un perro salió ladrando
Y terminó jugueteando.

Pero a excepción del ladrido
No se oía ningún ruido.
Por la escalera subió,
Manso el perro la siguió.
Luego tiró de la anilla,
Abriendo la puertecilla,

Viéndose en ese momento
En un soleado aposento,
Con bancos entapizados,
Iconos por todos lados,
Mesa de roble añejo,
Estufa con azulejos.
Y comprendió de repente
Que ahí vivía buena gente.
Nadie la iba a ofender,
Aunque a nadie pudo ver.
Mientras recorre el hogar
Se desvela en ordenar,
La vela a Dios encendió,
Bien la estufa calentó,
Encima de ella se tiende,
Ahí el sueño la sorprende.

A eso del mediodía,
Cuando galopar se oía,
Entraron siete colosos,
Bigotudos vigorosos.
“¡Milagro! –gritó el mayor-,
Todo luce en derredor.
Alguien aquí se ha afanado,
Habiéndonos esperado.
¿Quién hay aquí? ¡Sal, te digo!
Y nos haremos amigos.
Si un hombre viejos serás,
De padre nos servirás.
Si eres un joven lozano,
Te llamaremos hermano.
Si una mujer ya de edad,
Serás madre de  verdad.
Si una bella jovencita,
Serás querida hermanita”.

La princesa apareció,
Sonrojada saludó,
Hizo acto de presencia
Con profunda reverencia,
Rogó perdón por su entrada
Sin haber sido invitada.
Por la forma en que se expresa
Vieron que era una princesa.
A la mesa la sentaron,
Con pastel la convidaron,
También le sirvieron vino,
Que negó con gesto fino.
Pero en cuanto al pastelito,
Se permitió un bocadito.
Después de su largo andar,
Quiso un poco reposar.
La llevaron enseguida
A un cuarto que estaba arriba.
Cuando solita quedó,
En el acto se durmió.

Volando pasan los días.
La princesa se sentía,
Junto a los siete colosos,
Siempre colmada de gozos.
Con los primeros albores,
Salen los siete señores
Para divertirse un rato
Y de paso cazar patos,
Entrenarse, por lo menos,
Luchando con srracenos,
O córtale la cabeza,
Al tártaro con destreza,
O expulsar de la floresta
Al circasiano en su gesta.
Lo debemos constatar,
Ella es ama del hogar,
A ninguno recrimina,
Y ninguno la ofendía.
Así pasaban los días.
Primorosa y agraciada,
Su cariño les donaba.
Los siete se enamoraron,
A su habitación entraron,
El mayor dijo: “Hermosura,
Nuestro amor no tiene cura.
Eres hermana, sabemos.
Como novia te queremos.
Como esposa imprescindible
De los siete, es imposible.
Elige a uno, te pido,
Obtendrás un buen marido.
Mientras que los seis restantes
Serán tus hermanos de antes.
¿Te niegas, querido encanto,
Porque no valemos tanto?”

“¡Oh, mis valientes guerreros,
Como hermana yo los quiero!
¡Dios me castigue si miento
Y me mate en un momento!
-Dijo ella entristecida-.
¿Qué hacer si estoy prometida?
Los siete me son iguales,
Valerosos y cabales.
Los quiero con efusión,
Pero di mi corazón
Al príncipe Eliseo,
El hombre a quien más quiero”.
Y los hermanos callaron,
La cabeza se rascaron.
“Preguntar no es un pecado
-Dijo el mayor inclinado-.
Perdón, ahora sabemos
Y jamás te inquietaremos”.
“No los culpo para nada,
Mi negativa es forzada”,
Dijo ella susurrando.
Salieron reverenciando
Los hermanos con pesar.
Volvió la dicha a imperar.

La zarina en su fiereza,
Recordando a al princesa,
Perdonarla no podía,
Al espejo maldecía.
Cuando por fin se ablandó,
Y mientras se contemplaba,
Sonriente le preguntaba:
“Espejito de mi amor,
Quiero saber, por favor
Si no soy la más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.
Y la respuesta le llega:
“Eres bella, quien lo niega.
Pero vive en la floresta
Una joven muy modesta,
Con siete guerreros duros.
Ella es más bella, seguro”.
La reina de rabia llena
Cargó contra la Morena:
“¡Engañarme a mí, atrevida!”
Y la criada enseguida,
Cómo fue todo contó.
La zarina amenazó:
“¡Con vida no quedarás,
Si es que no la matarás!”

Entretanto, cuando hilaba,
A sus bravos aguardaba,
La princesa escuchó
Que el perro fiero ladró.
Por la ventana investiga,
Ve a una monja mendiga,
Que sirviéndose de un palo
Tiene a raya al perro malo.
“¡Espera un poco, abuelita
-Le grita la princesita-,
Al perro sujetaré,
De comer te traeré!”
Y la monja le contesta:
“¡Qué fiera maldita ésta,
Quiere morderme, se  tira,
Protégeme de su ira.
Sal pronto! ” Y la princesa,
Llevando pan de la mesa,
Cuando sale, en ese instante,
Se le echa el perro delante,
Impidiendo que ella avance
Hacia la vieja en percance.
Si la vieja se aproxima,
El can se le tira encima.
“¿Qué le pasa al animal?,
Seguro ha dormido mal”,
Pronunció desde el Zaguán,
La joven sirviendo el pan.
La viejita lo cazó,
Agradecida quedó:
“¡Dios te bendiga, pureza!
Devuelvo la gentileza”.
Y le arroja una manzana.
Linda, jugosa, temprana.
Gruñendo el perro saltó.
La joven la aventajó
Cazándola con las manos.
“¡Sírvete, regalo sano!
¡Que la disfrutes, querida,
Mil gracias por la comida”
Eso dijo la viejita,
Saludó y se fue solita.
Mira el perro a la princesa
Con infinita tristeza.
Tanto aúlla por sufrir,
Como queriendo decir:
“¡Tire ahora esa inmundicia!”
Mientras ella lo acaricia.
“¿Qué te pasa, quién los sabe?”,
Y lo encierra bajo llave.
Más tarde se esmera hilando,
A los dueños esperando,
Con la mirada clavada
En la manzana dorada,
Suculenta, deliciosa,
De una fragancia pasmosa.
Sus pepitas traslucía,
Que la comieran pedía.
“Para el almuerzo” ,pensó.
Pero el ansia la venció.
Acercó el fruto dorado
A sus labios encarnados,
Mordiéndolo suavemente,
Saboreando intensamente.
Al instante esa alma mía
Su respiración perdía,
Los brazos blancos caídos,
Tambaleaba sin sentido.
Desfalleciente su estado,
Soltó el fruto codiciado,
Los ojos puestos en blanco,
Cayó de cabeza al banco,
Bajo la imagen sagrada,
La princesa inanimada.

Los adalides volvían
De su habitual correría,
Y los recibe ladrando
El perro, como un espanto.
Lo siguen adonde lleva.
“Algo malo nos espera”,
Vaticinan los colosos
Y ven un cuadro horroroso.
El perro con rabia bruta
Se tira sobre la fruta.
Alocado la tragó,
En un santiamén murió.
Así fue como aclararon
Que la fruta envenenaron.
Sumidos en la tristeza,
Junto a la muerta princesa,
Los siete hermanos rezaron,
Sus cabezas inclinaron,
La vistieron con apego,
Para sepultarla luego.
Otra fue la alternativa
Cuando la creyeron viva,
En sereno dormitar,
Sólo que sin respirar.
Así esperaron tres días,
Pero el letargo seguía.
Cumpliendo amargo ritual,
En ataúd de cristal
A la princesa pusieron
Y juntos la condujeron
Hasta una gruta vecina.
Medianoche caía encima.
A seis pilares que alzaron,
El ataúd aferraron
Con cadenas aceradas,
Toda la tumba cercada.
Ante la muerta divina,
Venerándola se inclinan.
“¡Duerme en paz, querido amor!”,
Dijo el hermano mayor.
“Por impúdica maldad,
Tu inusitada beldad
Se ha apagado en nuestro suelo,
Tu alma llegará al cielo.
Con tanto ardor te adoramos,
Para tu amado guardamos,
Mas sólo la sepultura
Dispondrá de tu hermosura”.

Fue ese mismo día cuando,
Buena noticia esperando,
Al espejo se aferró
La reina y le preguntó:
“¿No soy yo la más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa?”
Y le tuvo que decir:
“¿Quién lo puede discutir?
Eres tú la más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.

El príncipe acongojado
La busca por todos lados.
No encuentra a la prometida
Galopando con su herida.
Su pregunta siempre es esa:
“¿No vieron a la princesa?”
Unos de risa se mueren,
Otros callarse prefieren.
Completamente agotado,
Se dirige al sol rosado:
“Astro sol, nuestro lucero,
Recorres el año entero
El enorme firmamento,
Con tu admirable portento,
Aliando invierno y verano.
Mi pregunta no es en vano:
¿No has visto desde tu altura
A quien amo con locura?
Soy su novio.” ” Bien amado
-Le contestó el sol rosado-,
No la he visto a tu querida,
Habrá perdido la vida.
De noche ronda la luna,
Quizás tenga nueva alguna”.

El príncipe acongojado,
La noche habiendo esperado,
Cuando aparece la luna,
Suplicante le importuna:
“Lunita de cuernos de oro,
Incomparable tesoro,
Apenas la choche cunde,
Iluminas con tu lumbre,
Tan sugestiva, tan bella,
Fascinado a las estrellas.
Tu afirmar será rotundo,
Pues recorres todo el mundo.
Quisiera saber alteza,
Si no has visto a mi princesa.
Soy su novio”. “Alma en pena
-Respondió la luna buena-,
No la he visto a tu beldad,
En mi turno, eso es verdad.
Puede ser que haya pasado
Cuando de guardia no he estado”
“¡Qué desgracia!”, respondió
El príncipe y se calló.
La luna en ese momento
Prosiguió: “Quizás el viento
La haya visto pasar
Y apacigüe tu pesar.
Búscalo donde estará,
Sin duda te ayudara”.
Eliseo el viento alcanza,
Recupera la esperanza.
“¡Viento potente! –le grita-,
Tú que las nubes agitas
Y los mares azulados
Cuando pasas a su lado.
A nadie tienes temor,
Exceptuando al Creador.
¿No has visto a la princesa?
Soy novio de esa belleza”.
Responde el fogoso viento:
“Detrás de un riacho lento,
En la montaña escarpada,
Y en su tristeza brumal,
Un ataúd de cristal,
Con cadenas enganchado
A  pilares levantados,
Aciago se balancea,
Sin rastros que  allí se vean.
En ese sitio luctuoso
Yace tu amor ardoroso”.

El viento siguió su rumbo
Deambulando por el mundo.
Eliseo acongojado
Buscaba el lugar sagrado,
Por vez última en la vida,
Mirar a su prometida.
En la montaña escarpada
Halla esa gruta empotrada,
Hacia allí se precipita,
Su buen corazón se agita.
En la tristeza brumal,
Un ataúd de cristal
Aciago se balanceaba
Sumida en sueño constante.
Eliseo en ese instante
Sobre el féretro cayó
Y sin querer lo rompió,
Recuperando la vida
Su princesa tan querida.
Miró en redor la princesa,
Absorta por la sorpresa.
Manifestó suspirando,
El féretro balanceando:
“¡Cuándo he dormido. Salud!”,
Y sale del ataúd.
Lloran de alegría tanta.
El príncipe la levanta,
La saca de la penumbra
Hacia donde el sol alumbra,
Retorna al reino ansiado,
Felices, enamorados.
El pueblo emoción expresa:
“¡Viva está nuestra princesa!”
Y la madrastra malvada,
Cansada de no hacer nada,
El espejo sostenía,
La misma pregunta hacía:
“¿No soy yo la más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa?”
Esta respuesta le llega:
“Eres bella, ¿quién lo niega?
La princesa es más hermosa,
Blanca tez, mejillas rosa”.
La madrastra se enojó
El espejo destrozó,
Sale fuera de la pieza
Y choca con la princesa.
Sufre tal abatimiento
Que fallece en un memento.
Enseguida la enterraron,
El enlace celebraron,
Con la bella prometida
Unió Eliseo su vida.
En nuestra historia mundial
Nadie ha visto fiesta igual,
Vino, cerveza probé,
Los bigotes me mojé.
                                   1833

CUENTOS DE PUSHKIN. PINTUARA PALEJ
 Traducido del ruso por Eduardo  Popok
Pag.102-117


viernes, 14 de febrero de 2014

ESENCIA CÓSMICA Y ALQUÍMICA DE FEBRERO

La costumbre de celebrar el día de San Valentín tiene su origen en Roma, cuando las
doncellas escribían su nombre en trozos de papel, los ponían en una caja, los mezclaban y los
ofrecían a los chicos para que eligieran uno con el nombre de la que sería su compañera. Las
jóvenes parejas pasaban el día juntas y sólo la Diosa sabía qué consecuencias podía tener:
romances, matrimonios o simplemente un día para recordar. Se procuraba que hubiera el mismo
número de participantes de ambos sexos para que nadie tuviera que regresar solo a casa.


Historia purificadora a través del Fuego del Amor.

Psique era la más pequeña y la más bella de las tres hijas de un rey. Todos los pretendientes del reino se aproximaban a la joven para admirarla e incluso le rendían culto, olvidando la devoción que debían a Venus. Por ello, la diosa del amor concibió unos celos vengativos y, llamando en su ayuda a su hijo Eros, le pidió que inspirara a Psique un amor por el más feo y despreciable de todos los hombres. Cupido preparó su arco y voló hacia la joven. Sin embargo, al ver a Psique quedó tan prendado de su belleza que no cumplió las órdenes de su madre. Mientras tanto, las dos hermanas mayores de Psique se habían casado con dos hombres ricos, y la joven seguía sin decidirse por ninguno de sus pretendientes. Un día, su padre, preocupado, consultó al oráculo de Apolo, quien le ordenó que vistiera a su hija de negro y que la acompañase a lo alto de una colina, donde una repulsiva serpiente se uniría a la joven. A pesar de su desesperación, el rey ejecutó las órdenes de los dioses y abandonó a Psique. Entonces se alzó un viento suave y el soplo de Céfiro transportó a la joven por los aires y la depositó sana y salva so-bre una inmensa pradera perfumada, donde se durmió. A la mañana siguiente, al despertar, Psique vio que se hallaba en el jardín encantado de un palacio de oro, plata y pedrerías. La joven, preocupada y curiosa, se acercó a la morada desconocida y oyó el sonido de una voz que la invitaba a penetrar en la rica morada; Psique empujó la puerta y encontró en unas lujosas salas un baño ya preparado, comida y un lecho suntuoso, donde se tendió al llegar la noche. Poco después, se dio cuenta de una presencia a su lado y creyó que se trataba del marido de quien había hablado el oráculo. Aquel marido enamorado y cariñoso pidió a Psique que no intentara mirarlo. Además, al cabo de poco tiempo, la joven obtuvo permiso para volver durante unos días a su hogar y visitar a sus padres. Ocurrió que sus hermanas, al verla tan feliz, intentaron introducir la duda en su corazón y le dijeron que seguramente se unía a un monstruo en las tinieblas de la noche.

Psique, trastornada por esta posibilidad, en la misma noche que siguió a su retorno a palacio, se acercó a su marido dormido y lo iluminó con una lámpara. En vez de hallar a un monstruo, pudo distinguir a Eros, el más bello y amable de los dioses; la joven, deslumbrada, acercó todavía más la lámpara y una gota de aceite hirviendo cayó sobre el hombro de su divino esposo. Éste se despertó sobresaltado, reprochó a Psique su desconfianza y desapareció. Enloquecida de dolor, la desgraciada joven erró en su búsqueda y, por último, se dirigió a Venus. La diosa, encantada de poder vengarse, retuvo a la joven como esclava a su servicio y le impuso una serie de trabajos rudos y humillantes.

Sin embargo, tanto valor y perseverancia le confería su amor que ninguna tarea parecía imposible a la joven. Con la ayuda de unas hormigas, Psique seleccionó los cereales de distintas especies que Venus había mezclado. Consiguió lana de oro de las ovejas salvajes; gracias a la ayuda de un águila, pudo sacar agua de la fuente del Éstige, famosa por ser inaccesible, amansar a Cerbero y llegar al trono de Proserpina, en el lugar más profundo de los Infiernos, para llevar a Venus un poco de la belleza de la reina de las Sombras.

Sin embargo, la curiosidad la perdió por segunda vez. Psique abrió una cajita que Proserpina le había entregado y cayó en un sueño profundo.

Mientras tanto, Eros, encerrado en el palacio de su madre, se moría de amor por la bella Psique, hasta el día en que consiguió escapar por una de las ventanas de la morada, y, cuando encontró a su esposa dormida, la despertó con un ligero pinchazo de sus flechas. Venus no per-maneció insensible ante tanto amor. Mercurio se llevó a Psique de la Tierra y la depositó en el palacio de los dioses, donde bebió la ambrosía y el néctar que le confirieron la inmortalidad. Así, pudo permanecer unida para siempre al Amor.  Psique es el símbolo del alma humana purificada por las pasiones y las desgracias, y prepa-rada para disfrutar, dentro del Amor, de la felicidad eterna.

martes, 25 de diciembre de 2012




25 de Diciembre dioses solares.


Osiris Hermano y amante de Isis, dios benéfico,  nacimiento anunciado por una misteriosa y potente voz que retumbó en el templo de Tebas

También se celebra el nacimiento de Mitra, dios iranio del cielo y de la luz y, más tarde, tutelar de las legiones romanas. Nació milagrosamente del seno de una roca y los pastores fueron los primeros en dirigir sus plegarias al niño desnudo, cubierto tan sólo por un gorro frigio. El culto al Sol, de escasa importancia entre los antiguos romanos, cobró auge a partir del emperador Aureliano, quien, en el 274, lo asimiló al "Sol Invictus" de la religión siria e instauró un nuevo culto. Con el tiempo, este dios acabó imponiéndose a las demás divinidades, hasta desembocar, por sincretismo, en una religión monoteísta.

Juvenalia
En este día se organizaban muchos actos para los niños: teatro, relatos de cuentos, máscaras, personajes mágicos (arlequines, bufones). Todo el mundo se vestía con sus mejores trajes y comía los mejores alimentos. Los primeros regalos solían ser talismanes que daban buena suerte: un cascabel, un sombrero de la suerte, un par de calcetines para llevar en tu camino afortunado, juguetes, prendas de ropa cálidas para utilizar durante el invierno. Se organizaban bailes donde los jóvenes se conocían, se cortejaban y se enamoraban bajo el muérdago. Mucho antes de que los habitantes de Europa tuvieran contacto con el cristianismo (importado de oriente) ya cele-braban la Navidad, que durante siglos los anglosajones conocieron con el nombre de Modraniht, y era similar a cómo la celebramos hoy en día.

Astarté
Relacionada con Ishtar de Babilonia, la estrellada Astarté, la Gran Diosa de Oriente Medio, se remonta en sus orígenes al neolítico. Era el poder creador, conservador y destructor que asocia-mos con todas las diosas vírgenes. Salomón la adoraba en la Biblia, tal vez por este motivo los cristianos la convirtieron en el demonio Astoret y, para empeorar las cosas, además la masculi-nizaron. Los árabes llamaban Athtar a Astarté. En arameo era Attar-Samayin, el lucero de la mañana en el cielo. Para los habitantes de Canaán, era Astoret, la regente celestial, madre de Baahm, madre de todos los dioses.

Navidad
La figura de Papá Noel ha pasado por muchas encarnaciones, desde antiguo dios, pasando por santo cristiano, hasta un importante componente del folklore americano y europeo. Sus renos son un claro testimonio de sus orígenes chamánicos y sus duendes proceden de las leyendas de la Antigua Religión. La Rama del Beso es el muérdago, un hechizo mágico para los enamorados. En ocasiones una chica se sentaba en el leño de Navidad mientras lo arrastraban; después todo el mundo bebía a la salud de la chica, que simbolizaba a la diosa del sol.
Chiltoto.




lunes, 3 de septiembre de 2012



DINO CAMPANA


La poesía de Campana está llena de elementos dispares, intentos fallidos y logros admirables, fragmentos que anticipan el hermetismo de Ungaretti y otros que remiten a la poesía del siglo XIX.

 En Campana no hay un estilo, sino muchos estilos 
superpuestos y a menudo antagónicos. Dino campana sacrifica el significado a lo irracional, órfico; prefiere lo inconsciente a lo consciente, la alucinación a la realidad. La disgregación del mundo encuentra su correspondencia en el desdoblamiento del yo. Cantos Órficos. Este único libro,ha bastado para darle un lugar relevante en la historia de la poesía italiana del siglo XX.

Los poemas de Campana, están escritos, generalmente, en verso libre, y sólo unos pocos en octosílabos oendecasílabos rimados.



 Selección de poemas:                   




FABRICAR FABRICAR FABRICAR

Fabricar fabricar fabricar
prefiero el rumor del mar
que dice fabricar hacer y deshacer
hacer y deshacer es todo un trabajar
he aquí lo que sé hacer.


BAJO QUÉ PESADO MONTÓN DE NIEVE

¿Bajo qué pesado montón de nieve
están sepultadas las rosas de mi primavera?
¿Cómo podrá el recuerdo conocer
donde yace la muerta esperanza?


TRES JÓVENES FLORENTINAS CAMINAN

Ondulaba sobre el paso virginal
ondulaba la cabellera musical
en el esplendor del tibio sol
eran tres vírgenes y una gracia sola
ondulaba sobre el paso virginal
crespa y negra la cabellera musical
eran tres vírgenes y una gracia sola
y seis piececitos en marcha militar.


MUJER GENOVESA

Tú me trajiste un poco de alga marina
en tus cabellos, y un olor de viento,
que ha corrido desde lejos y llega grave
de ardor, había en tu cuerpo bronceado:
- oh la divina
simplicidad de tus esbeltas formas -
no amor no amargura, un fantasma,
una sombre de la necesidad que vaga
serena e inevitable por el alma
y la disuelve en alegría, en encanto serena
para que por el infinito el siroco
se la pueda llevar.
¡Cómo es pequeño y liviano el mundo en tus manos!


EN EL VERDE SE ALEJARON LAS GOLONDRINAS

En el verde se alejaron las golondrinas
bajo el puente a la orilla del segundo río
por cuencas el agua reluciente
como un segundo cadáver
el blanco, el rojo y el verde.




UNE FEMME QUI PASSE


Une femme qui passe
Andava. La vita s’apriva
Agli occhi profondi e sereni?
Andava lasciando un mistero
Di sogni avverati ch’è folle sognare per noi
Solenne ed assorto il ritmo del passo
Scandeva il suo sogno
Solenne ritmico assorto
Passò. Di tra il chiasso
Di carri balzanti e tonanti serena è sparita
Il cuore or la segue per una via infinita
Per dove da canto a l’amore fiorisce l’idea.
Ma pallido cerchia la vita un lontano orizzonte.