La costumbre de celebrar el día de San Valentín tiene su origen en Roma, cuando las
doncellas escribían su nombre en trozos de papel, los ponían en una caja, los mezclaban y los
ofrecían a los chicos para que eligieran uno con el nombre de la que sería su compañera. Las
jóvenes parejas pasaban el día juntas y sólo la Diosa sabía qué consecuencias podía tener:
romances, matrimonios o simplemente un día para recordar. Se procuraba que hubiera el mismo
número de participantes de ambos sexos para que nadie tuviera que regresar solo a casa.
doncellas escribían su nombre en trozos de papel, los ponían en una caja, los mezclaban y los
ofrecían a los chicos para que eligieran uno con el nombre de la que sería su compañera. Las
jóvenes parejas pasaban el día juntas y sólo la Diosa sabía qué consecuencias podía tener:
romances, matrimonios o simplemente un día para recordar. Se procuraba que hubiera el mismo
número de participantes de ambos sexos para que nadie tuviera que regresar solo a casa.
Historia purificadora a través del Fuego del Amor.
Psique era la más pequeña y la más bella
de las tres hijas de un rey. Todos los pretendientes del reino se aproximaban a
la joven para admirarla e incluso le rendían culto, olvidando la devoción que
debían a Venus. Por ello, la diosa del amor concibió unos celos vengativos y,
llamando en su ayuda a su hijo Eros, le pidió que inspirara a Psique un amor
por el más feo y despreciable de todos los hombres. Cupido preparó su arco y
voló hacia la joven. Sin embargo, al ver a Psique quedó tan prendado de su
belleza que no cumplió las órdenes de su madre. Mientras tanto, las dos
hermanas mayores de Psique se habían casado con dos hombres ricos, y la joven
seguía sin decidirse por ninguno de sus pretendientes. Un día, su padre,
preocupado, consultó al oráculo de Apolo, quien le ordenó que vistiera a su
hija de negro y que la acompañase a lo alto de una colina, donde una repulsiva
serpiente se uniría a la joven. A pesar de su desesperación, el rey ejecutó las
órdenes de los dioses y abandonó a Psique. Entonces se alzó un viento suave y
el soplo de Céfiro transportó a la joven por los aires y la depositó sana y
salva so-bre una inmensa pradera perfumada, donde se durmió. A la mañana siguiente,
al despertar, Psique vio que se hallaba en el jardín encantado de un palacio de
oro, plata y pedrerías. La
joven, preocupada y curiosa, se acercó a la morada desconocida y oyó el sonido
de una voz que la invitaba a penetrar en la rica morada; Psique empujó la
puerta y encontró en unas lujosas salas un baño ya preparado, comida y un lecho
suntuoso, donde se tendió al llegar la noche. Poco después, se dio cuenta de
una presencia a su lado y creyó que se trataba del marido de quien había
hablado el oráculo. Aquel marido enamorado y cariñoso pidió a Psique que no
intentara mirarlo. Además, al cabo de poco tiempo, la joven obtuvo permiso
para volver durante unos días a su hogar y visitar a sus padres. Ocurrió que
sus hermanas, al verla tan feliz, intentaron introducir la duda en su corazón y
le dijeron que seguramente se unía a un monstruo en las tinieblas de la noche.
Psique,
trastornada por esta posibilidad, en la misma noche que siguió a su retorno a
palacio, se acercó a su marido dormido y lo iluminó con una lámpara. En
vez de hallar a un monstruo, pudo distinguir a Eros, el más bello y amable de
los dioses; la joven, deslumbrada, acercó todavía más la lámpara y una gota
de aceite hirviendo cayó sobre el hombro de su divino esposo. Éste se
despertó sobresaltado, reprochó a Psique su desconfianza y desapareció.
Enloquecida de dolor, la desgraciada joven erró en su búsqueda y, por último,
se dirigió a Venus. La diosa, encantada de poder vengarse, retuvo a la joven
como esclava a su servicio y le impuso una serie de trabajos rudos y
humillantes.
Sin
embargo, tanto valor y perseverancia le confería su amor que ninguna tarea
parecía imposible a la joven. Con la ayuda de unas hormigas, Psique seleccionó
los cereales de distintas especies que Venus había mezclado. Consiguió lana de
oro de las ovejas salvajes; gracias a la ayuda de un águila, pudo sacar agua de
la fuente del Éstige, famosa por ser inaccesible, amansar a Cerbero y llegar al
trono de Proserpina, en el lugar más profundo de los Infiernos, para llevar a
Venus un poco de la belleza de la reina de las Sombras.
Sin
embargo, la curiosidad la perdió por segunda vez. Psique abrió una
cajita que Proserpina le había entregado y cayó en un sueño profundo.
Mientras
tanto, Eros, encerrado en el palacio de su madre, se moría de amor por la bella
Psique, hasta el día en que consiguió escapar por una de las ventanas de la
morada, y, cuando encontró a su esposa dormida, la despertó con un ligero
pinchazo de sus flechas. Venus no per-maneció insensible ante tanto amor.
Mercurio se llevó a Psique de la Tierra y la depositó en el palacio de los
dioses, donde bebió la ambrosía y el néctar que le confirieron la inmortalidad.
Así, pudo permanecer unida para siempre al Amor. Psique es el símbolo del alma humana
purificada por las pasiones y las desgracias, y prepa-rada para disfrutar,
dentro del Amor, de la felicidad eterna.

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