jueves, 4 de junio de 2015

Una Hormiga Kantiana y la estupidez como motor de la Historia.



Una Hormiga Kantiana
relativiza el hormiguero
Frente el dolor de muelas
y la estupidez como
motor de la Historia.

Tony Calix.·.




Los epígrafes son rendijas por las que se trasminan las ideas. Pero además, lo hacen suavemente.


  “El hombre ocasionalmente se tropieza con la verdad, pero la mayor parte de las ocasiones se levanta y sigue su camino”. José Antonio Marina 

Dice la fábula: Los hormigueros son sociedades perfectas, porque cada miembro se sacrifica por el bien común: la perpetuación del hormiguero. Están regidos por una misteriosa inteligencia colectiva que funciona con sorprendente eficacia. Cada hormiga es una estúpida partícula que, sin saber por qué ni para qué, hace lo que tiene que hacer “estupendamente”.
Pero un día las hormigas se volvieron inteligentes, reflexivas autónomas y libres. Se volvieron kantianas, y esto, que debería haber elevado la calidad de vida del hormiguero, desbarató su convivencia. Bergson, que también se ocupó de las hormigas, sacó una conclusión desconsolada: “La inteligencia tiene un poder disolvente”… La hormiga capaz de pensar por sí misma no quiso ya diluirse en el hormiguero, estableció sus propios fines, descubrió que el bien común tal vez no lo era para ella. Se encontró desgarrada entre la lógica del hormiguero y la lógica individual.

La primera generación de hormigas kantianas todavía oyó resonar en su interior la antigua voz del hormiguero, diciéndole que debía respetar la ley colectiva impresa en su interior, pero poco a poco esa voz se debilitó. La razón autónoma de la hormiga se encerró en su argumento. “Si quiero ser libre, no tengo que escuchar la voz del hormiguero sino mi propia ley. Y ésta me dice que no tengo más que una vida, y que no sería racional cambiar mi bien por el bien ajeno, aunque éste sea la salvación de la comunidad.” 

Fin de la fábula.